A propósito del día de la mujer trabajadora: La mujer médico.

Soy afortunado. Tengo un trabajo que me brinda muchas satisfacciones, pero una de ellas es, sin duda, poder decir que en él hombres y mujeres somos iguales. Como asiduo de Internet he leído muchas cosas en estos dos días sobre este asunto, cosas que han despertado en mí determinados sentimientos. El interés que tengo por este tema hace que en ocasiones analice las situaciones que me rodean en mi trabajo bajo el prisma de la igualdad. ¿Cambiaría esta situación si esta persona hubiera sido un varón? ¿Cómo habría reaccionado aquí está otra si hubiera sido una mujer? Hoy me ha apetecido dar mi versión del tema y, desde luego, solo hablaré de lo que conozco.

Mi trabajo es un trabajo de mujeres. No lo digo por nada en particular salvo por el hecho de que son mayoría. La medicina, muchas veces, es un trabajo de equipo, por lo que este hecho hace que me tenga que desenvolver con mujeres todos los días. Reconozco que me sorprenden muchas de las cosas que he leído sobre desigualdades y menosprecios ya que yo tengo la suerte de no verlas en mi trabajo, y, por este motivo, no las proyecto cuando soy atendido por trabajadoras de otros empleos (eso no quita que no ocurran en otros). Podría decirse que cuando solicito consejo o doy un cambio de guardia a otro médico su sexo me parece igual de relevante que si lleva gafas o no, si lleva el pelo corto o largo o si es más de “The walking dead” o de “Juego de Tronos”. Por sacarle un fallo, forzando un poco el asunto, lo único malo de todo esto es que a veces me cuesta encontrar guantes de mi talla, nada más.

Con las características del trabajo se podría decir lo mismo. Cada una de mis compañeras ha elegido su especialidad sin ningún tipo de presión. Todas tienen el mismo sueldo base que yo y las horas de guardia se las pagan igual de mal que a mí. Quizá trabajar para la administración pública tenga algo que ver ya que, reitero, no soy un gran conocedor de otros trabajos, y solo quería hablar del que conozco.

Considero a la mujer médico un igual por muchas cosas. Ya venía haciéndolo desde bien pequeño, pero día a día me encuentro con recordatorios que me demuestran que este pensamiento es el correcto. He visto a compañeras mantener el tipo estoicamente junto a ese paciente difícil que se está muriendo y con el que hay que tomar decisiones rápidas. He visto a compañeras desparramarse hacia casa tras 30 horas seguidas de trabajo. He visto a compañeras amedrentar y hacer callar a mamarrachos violentos que las triplicaban en peso en la soledad de un box de urgencias.  He visto a compañeras toda la noche a la cabecera del paciente inestable, demasiado preocupadas para irse a dormir. He visto a compañeras reanimar a pacientes en parada cardiorrespiratoria como verdaderas Valkirias.  He visto a compañeras sacrificando su tiempo personal y horas de sueño para estudiarse hasta el último artículo en busca de la enfermedad que día a día le va robando la vida a su paciente. He visto a compañeras pelear con gran avidez por formarse y labrarse un futuro, investigando, echando tardes en el hospital, estudiando y haciendo cursos. Sobra decir que he visto también a compañeros médicos haciendo lo mismo, y no lo hacían ni mejor ni peor. Algunas veces sí que es verdad que las he oído quejarse de que un paciente les ha dicho: “Sí, sí, pero, ¿cuándo viene el médico?”. Esto es real, pero ese tipo de personas parten de cierta base que también las hace propensas a otros pensamientos medievales en todas las facetas de sus vidas y, las más de las veces, se tienen que comer sus propias palabras después de que la compañera los diagnostique, los trate y los cure (o alivie) poniendo arte y ciencia encima de la mesa.

También he visto algunas peculiaridades en mis compañeras médico que se dan con una frecuencia relativamente superior que entre los varones. He visto a algunas de ellas permitirse tres minutos a las cuatro de la mañana para acicalarse (¡y pintarse!) un poco antes del cambio de turno. Por alguna extraña razón, por otro lado, a mitad de guardia suelen seguir oliendo bien. La mayoría se ponen medias de compresión para mejorar la circulación, evitar las varices y poder enseñar pierna en verano, dicen. Algunas de ellas, incluso, se doblan el cuello del aburrido pijama luciendo un fantástico escote. (Yo suelo darme una vuelta a las mangas quizá por los mismos motivos… alcanzar un mayor grado de refrigeración, por si alguien dudaba). En todas las especialidades hay más mujeres, pero, por la razón que sea, este porcentaje es especialmente acusado en pediatría. En pediatría se cuidan niños, y, algunos, que hemos leído ciertos asuntos sobre antropología, evolución y biología, pensamos que este hecho no es casual. (Tampoco lo es que otros trabajos sean deseados mayoritariamente por varones). Al hilo de todas esas cosas que he ido leyendo por Internet, que a alguien se le ocurra criminalizarlas por querer tener estas peculiaridades y estos mínimos detalles consigo mismas, aduciendo que si lo hacen es por presión social ya que la igualdad es (o debe ser… ya poco importa en estos días), la nivelación a la baja y forzosa, llevándose por delante cuanto sea necesario, me parece una barbaridad. Si se me permite, y haciendo otra cosa prácticamente furtiva o tabú según ciertos colectivos, me atrevería a decir que tras el fragor de la guardia, con ojeras, coleta deshilachada y medias de abuela, están guapas. Las encuentro guapas porque son mis compañeras, las estimo y son mujeres trabajadoras.

Mañana entro de guardia, y es una verdadera suerte poder afirmar que no voy a mirar si mis compañeros de equipo son hombres o mujeres. Quizá mi trabajo sea una rareza, pero me gustaría que todo el mundo pudiera decir lo mismo del suyo. No me cabe duda de que, poco a poco, lo iremos consiguiendo.

estetoscopio-cursodemedicina

2 comentarios en “A propósito del día de la mujer trabajadora: La mujer médico.

  1. Cris Martin Ortega

    Hola David, me gustaría leer tus Los hijos del hierro y del fuego y Un imperio para el mundo que si no he entendido mal forman parte de Yo Conquistador. Puedes decirme si puedo adquirirlos ya? Probaré en Amazon si no los veo en librerías. Me encanta el tema y me gusta mucho como escribes por lo que estoy deseando seguir leyéndote!.
    Un saludo
    Cris

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    1. davidsanchezfabra

      Hola, Cristina:
      Perdona la tardanza en contestar, todavía soy nuevo en el mundo de los blogs.
      Gracias por escribirme. En efecto, Yo Conquistador es una trilogía y Los hijos del Hierro y el Fuego es la primera novela. Si los quieres en papel puedes conseguirlos a través de la web de la editorial en este link:

      http://www.editorialcomuniter.es/catalogo/comuniter-narrativa-historica

      Si los prefieres en eBook los tienes en Amazon y Casadellibro.

      Un abrazo y espero que te gusten.

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