Maricones y mariconazos.

En los últimos días hemos podido asistir de nuevo a uno de esos eventos en los que la hipocresía se da un pequeño homenaje a costa de nuestra salud mental. En esta ocasión le ha tocado a los homosexuales. Comenzamos:

La historia empezó el 18 de septiembre. Aquel día, el señor Arcadi Espada, un periodista y escritor español, tuvo a bien publicar este artículo en El Mundo titulado “Aznar, sin complejos”. En él, en resumen, hizo un pequeño comentario sobre la comparecencia de JM Aznar en el Congreso. A uno puede gustarle o no el mencionado político, pero lo que Arcadi Espada pretendía era alabar, lejos de su calidad como político y persona, reitero, su capacidad como hombre de convicciones firmes y difícil de doblegar, un político sin complejos de una derecha diametralmente opuesta a la ofrecida por Mariano Rajoy. Tal y como reza:

El expresidente Aznar, hoy en el Congreso. La derecha sin complejos, efectivamente. Pero no lo que la izquierda quiere que se entienda con ello, es decir, la reacción y la caspa sin maquillajes; simplemente una derecha que no se acompleja cuando la izquierda pretende someterla a su habitual tratamiento de superioridad moral.

Pues, bien, en este artículo, finalmente echa en cara a Aznar haberse equivocado en la manera en la que trató a Gabriel Rufián. Juzgad vosotros mismos.

Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria diciéndole: «La polla, mariconazo, cómo prefieres comérmela: de un golpe o por tiempos?», mientras uno va sonriéndose delicadamente en su cara. Pero si se opta por la no significación entonces hay que negarse a responder al gamberrete hasta que aprenda a no comerse los mocos en público. Porque de no optar por una de las dos soluciones, la prensa socialdemócrata titulará como si fuera verdad y en delirante equiparación de sujetos: «Tensión entre Rufián y Aznar».

Cualquiera con un mínimo de compresión lectora y conocimientos de la actualidad política, entiende qué quiso decir Arcadi Espada con este comentario. En esencia, que Gabriel Rufián es un botarate y un impresentable, y que su falta de modales en sus actos políticos deberían ser respondidos con unas maneras equiparables desde el otro lado. En este sentido, “La polla, mariconazo, cómo prefieres comérmela”, podría entenderse como la dinámica típica de conversación que puedas tener en el bar con los colegas. No en vano, Arcadi Espada acertó de pleno en sus predicciones, y las noticias enseguida calcaron sus palabras en lo referente a la “tensión” entre ambos políticos.

Incluso hasta Rufián se atrevió a contestarle:

Pero la cosa no queda aquí. Vivimos en la era de los ofendidos y enseguida saltaron las redes sociales para criticar a Arcadi Espada por su artículo. Resulta que al usar el término “mariconazo” había llevado a cabo un delito de homofobia. Con la iglesia hemos topado. Acto seguido, el 19 de septiembre “Arcadi Espada” era trending topic nacional, pues miles de tuiteros pedían su cabeza por tal osadía. Incluso desde El Mundo, el periódico del que es columnista, un grupo de trabajadores y trabajadoras, sin que trascendieran sus nombres, pidieron en una carta que se tomaran medidas contra él y que se dejen de publicar este tipo de cosas:

[…]expresamos nuestro rechazo a que nuestro periódico haya sido utilizado por este columnista para difundir frases homófobas.

Además, durante las últimas semanas hemos observado desde la redacción, no sin cierto asombro, el tono de varios artículos publicados por EL MUNDO y otras cabeceras del grupo que consideramos del todo impropios de nuestro periódico.

Llegamos al 23 de septiembre y Arcadi Espada contestó con una monumental carta en el mismo periódico. No la parafrasearé ni anotaré citas, pues se trata de un escrito de altísima calidad que merece la pena ser leído integro. Así, querido lector, si has llegado hasta aquí, puedes sacar tus propias conclusiones. Se titula, “Que se pongan hojas (y folios)”, y puedes leerlo aquí.

Y no vendré más al tema de Arcadi Espada, pues me parece que en dicha carta, pese a lo corta que es, ha sido capaz de explicarse en uno de esos temas en los que hay que ir con pies de plomo.

Pero la cosa no queda aquí, pues llega el 25 de septiembre, y El Mundo publica otra noticia. Esta vez le toca a la ministra de Justicia, Dolores Delgado. Resulta que han transcendido unas grabaciones del caso Villarejo en las que, entre otras cosas que están todavía pendientes de resolver, se refiere a su compañero el ministro de Interior Grande Marlaska como “Maricón”. Aquí, a diferencia de lo dicho por Arcadi Espada, la conversación tomó un cariz bastante diferente:

Villarejo: «Ese maricón que tienes al lado lo sabe, que yo sí que soy amigo incondicional como creo que intuyes. Lo que necesites, lo que haga falta».

Garzón:«En eso estamos».

Delgado: «¿Puedo contar lo de éste?».

Garzón: «Sí».

Delgado: «Un maricón».

Villarejo: «¿Quién es maricón?».

Delgado: «Marlaska».

[…]

Villarejo: «No me gustan las muñecas hinchables».

Delgado: «A mí me pasa lo mismo, a mí los tíos me gustan igual, tontitos nada. (…) Ha venido un tío a la Audiencia monísimo, para qué lo vamos a negar, parece George Clooney, pero le pasa lo mismo, es una nenaza».

[…]

Delgado: Mira, te voy a decir una cosa, a mí que me den tribunal de hombres, de tías no quiero. Y no me llevo mal con las tías, pero de tíos sé perfectamente por dónde van. Y cada gesto, cada cosa…, por dónde va la historia».

Villarejo: (Risas) «Simple como el mecanismo de un chupete».

Fernández Chico: «Estarás conmigo en que no hay igualdad entre el hombre y la mujer».

Delgado: «No, no la hay. Tenemos una ventaja, indiscutible. Mira, ya sé por dónde vas».

¿Y qué ocurrió a raíz de ello? Bueno, el caso todavía no ha cerrado, pero ese día la ministra Dolores Delgado no fue trending topic (cae a posiciones 200 en TT nacional frente a la posición 10 que alcanzó Arcadi Espada). Sí que fue #marlasca TT con la posición 5. Es necesario tener en cuenta para comparar dichos números (si acaso sirven para evaluar el pensamiento global del pueblo, que a veces pienso que ni eso) que por un lado tenemos un columnista de un periódico nacional y por otro lado tenemos a dos ministros.

Pero velozmente, Delgado y Marlaska aparecieron públicamente dándose besos y abrazos y diciendo “continúen, señoras y señores, aquí no ha pasado nada”. Delgado asegura que no le llamó “maricón”, y Marlaska responde que lo importante son los hechos y que claro… se presupone que alguien de izquierdas, aunque te llame “maricón”, no va a ser homófobo, que para eso es de izquierdas. ¿No? En cambio, ¿Arcadi Espada? Bueno… él es liberal y huele a “derecha”. Además es catalán y va por ahí quitando lazos amarillos y todo. A ese no se la pasamos. La Generalidad de Cataluña ha visto que con este tema quizá hasta pueda meterle un susto.

Ahora bien, la oposición está atacando al gobierno por el caso Villarejo en sí, ignorando, también, que haya llamado a Marlaska “maricón”, cosa que parece quedar sepultada ante la magnitud de lo primero. Quizá sea eso. O quizá no. Quizá sea otra cosa, incluso. Es posible que la derecha ignore olímpicamente esta pulcritud moral del lenguaje que le quita el sueño a sus contrarios. ¿Qué tendríamos entonces? Una cosa algo siniestra… pero, primero, ciñámonos a los hechos. Los tenemos objetivos y subjetivos. Empecemos por los primeros:

  • OBJETIVOS: España es el país más tolerante con la homosexualidad (gay-friendly) del mundo. Hay agencias de viajes extranjeras que lo tienen incluso como un reclamo cuando dicho colectivo busca vacaciones. (Ejemplo 1) (Ejemplo 2).
  • SUBJETIVOS: Cualquier español con dos dedos de frente piensa que la homosexualidad es una opción sexual más perfectamente normal y natural. Las personas son libres de amar a quien quieran. ¿Tendría sentido perseguir el amor? Incluso si no buscan amor y solo placer, lo mismo, libertad absoluta. Es algo que tiene claro tanto la izquierda como la derecha y, probablemente, la inmensa mayoría de la población. Somos un país que hemos pasado en tiempo récord de ser homófobos a ser los mejores en este supuesto. Muchas son las teorías al respecto, pero mi favorita es que somos una nación mediterránea y eso nos hace diferentes a muchas otras, teniendo en más alta estima la familia, la proxémica o la facilidad para manifestar nuestras emociones.

Pues bien, volviendo atrás. ¿Por qué las palabras de Arcadi Espada, un periodista cualquiera, levantaron tantas ampollas y peticiones de linchamiento, y las de la ministra no? Aquí es donde radica este problema de hipocresía que atenaza a nuestra sociedad y a nuestros políticos, que son un reflejo de nosotros mismos. Lo coherente sería o pensar que hay que linchar a Arcadi Espada y a la ministra o querer eximir de toda culpa a ambos. (Y ojo, nótese que Arcadi Espada dijo “mariconazo” como quien dice “cabronazo”, «macho» o «wey» en versión latina, eliminando todo el significado al apelativo, mientras que la ministra llama a Marlaska “maricón” así sin más, gratuitamente, como si aquello tuviera que significar algo, y, si lo hiciera, ¿sería algo malo o bueno?”).

Pero no, y aquí viene la magia. Como ya he dicho antes, nadie en su sano juicio es homófobo o piensa que ser gay sea algo malo. Cuando te importa lo mismo que alguien sea homosexual como que tenga los ojos marrones puedes permitirte llamar a alguien “maricón” sin ofender. Ahora bien, cuando la defensa de las minorías y de los colectivos supuestamente “oprimidos” se convierte en el único caballo de batalla de tu signo político, en ese momento comienzas a usar a estos colectivos como arma arrojadiza. Y este es el principal problema, en mi opinión, de la izquierda cultural en occidente, problema que quieran verlo o no, está conllevando un drenaje masivo de sus votos hacia otras formaciones. Cuando se usa a unos colectivos como munición política (comunidad LGTBI, mujeres, inmigrantes…) se les expone, muchas veces sin pedirles permiso, a una contratransferencia brutal por la otra parte. Y aquí es donde determinados individuos confunden un sentimiento de “rebote” de lo más natural como puede ser “oíd, pesados, dejadme ya en paz y parad los juicios de Salem, que siempre he sido firme defensor de los derechos de los homosexuales y cuando he dicho “mariconazo” no me refería a nada malo» con la homofobia.

Personas como Arcadi Espada y otros muchos no están en contra de los derechos de la comunidad LGTBI, sino de su instrumentalización como arma política. Porque no hay que olvidar que cuando A le tira un misil a BA pierde prestigio, B puede quedar herido, pero el misil queda totalmente destrozado. Así que mejor será denunciar esta hipocresía rampante y llamar a las cosas por su nombre.

PD: Mientras escribo esto, veo que no soy el único que se va haciendo eco con este artículo. Algo se mueve en la disidencia, y la guerra cultural nunca ha estado tan empatada. ¿Quién ganará?

Foto: Aquiles y Patroclo.

aq

2 comentarios en “Maricones y mariconazos.

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