La cruzada de los niños (1212) y Greta Thunberg

Es bien sabido que conocer la historia ayuda a predecir el futuro. Dado el gran desconocimiento general de la misma, muchas veces pensamos que lo que vivimos es novedoso y moderno, cuando podemos encontrar ejemplos en tiempos pretéritos que nos harían enmudecer, y a raíz de una reflexión que me ronda la cabeza, he querido desarrollar este texto.

«El que no sabe historia, está condenado a repetirla». Confuncio.

En la Edad Media (año 1212) ocurrió un fenómeno tan surrealista que resulta difícil de creer, y, no en vano, todavía no se aclaran los historiadores sobre el grado de leyenda y realidad de este suceso. Sin embargo, arrullados por el “cuando el río suena, agua lleva”, vamos a darle un punto de credibilidad.

Situémonos en la fecha, el mundo europeo y mediterráneo se encuentra dividido entre la Cristiandad y el Islam. Fue precisamente en 1212 cuando sucedió la Batalla de las Navas de Tolosa en nuestro país. Mientras los españoles vivíamos en una cruzada continua contra los moros, el resto de europeos hacían incursiones periódicas en Tierra Santa a las que llamaron Cruzadas (con mayúsculas). Pues bien, poco después de la Cuarta Cruzada, varios niños franceses y alemanes tuvieron visiones de Jesucristo, que les instaba a liderar una nueva cruzada a Jerusalén. Lo que pudo haber sido un simple sueño acabó convirtiéndose en una marcha de entre 20.000 y 30.000 niños (y algunos adultos), hacia Tierra Santa. Muchos desertaron y otros tantos murieron de hambre. Casi con total probabilidad, muchos serían secuestrados por los caminos de Europa para todo tipo de labores, pues en aquellos años el capital humano era muy valioso. Pese a las vicisitudes del viaje, unos 2000 llegaron a Niza. Oraron al lado del mar, pues en las visiones Jesucristo les dijo que se abriría a su paso, pero, como no ocurrió, fueron embarcados por varios mercaderes, que los transportaron hasta Egipto. Una vez allí, como era de esperar, fueron vendidos como esclavos para unirse a los millares de europeos esclavizados por el islam (algo escasamente conocido y de lo que se habla muy poco). Se la conoció posteriormente como «La Cruzada de los Niños».

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Nosotros, con nuestro intelecto hecho en el siglo XXI, podríamos haber intuido que el desastre se aproximaba a aquellos niños. Pasados tantos años es difícil dilucidar si se trató de una argucia tejida por adultos para traficar con niños, un mecanismo para despistar a la plebe con grandiosas empresas para que esta no se sublevase o una locura colectiva que nadie supo parar. De cualquier forma, eventos como esos solo hacen que reforzar una idea que todos tenemos en mente como un principio prácticamente universal, a saber, que los niños no deben andar solos y que no deben hacer cosas de adultos, que tiempo hay para cada cosa. Si lo vemos en aquellos niños cruzados, ¿por qué hacemos la vista gorda en nuestros tiempos?

En agosto de 2018, Greta Thumberg, una niña Sueca (parece que todas las grandes locuras de la historia vienen del norte de Europa), tuvo un sueño. Decidió hacer una huelga sentándose a las afueras del parlamento hasta que el gobierno redujera las emisiones de carbono. Su acción se popularizó, de modo que durante los meses siguientes muchos niños decidieron hacer lo mismo. La historia creció tanto que en diciembre de ese mismo año estaba dando un discurso en las Naciones Unidas sobre el cambio climático.

Desde entonces, Greta Thunberg se ha convertido en el paladín del ecologismo. Ha dado múltiples discursos en varios foros internacionales, ha recibido varios premios (de hecho, las casas de apuestas la puntúan como una de las favoritas para recibir el próximo Nobel de la Paz) y sale en todos los telediarios y periódicos. Ha escrito un libro llamado “No one is too small to make a difference”, enarbolando la causa de que pese a ser una niña tiene derecho a hablar y ser escuchada con consideración. No en vano, el movimiento que ha fundado, Juventud por el clima, no para de replicarse y crecer a lo largo del globo, y ya son muchos escolares los que hacen huelgas por “el cambio climático”.

Pero, ¿quién es Greta Thumberg? ¿Es solo una muchacha aleatoria que ha saltado a la fama o hay algo más? Bueno, el que quiera saber con detalle quién es esta niña debería escuchar este Podcast de Díaz Villanueva, un afilado e inteligente periodista independiente que oigo casi a diario.

Pero, en resumen, y como los más avezados ya sospechan, Greta no es una persona cualquiera. Su padre es actor y su madre cantante y ambos se mueven en el mundillo del ecologismo desde hace años. Por otro lado, una de las últimas acciones de la muchacha ha dado mucho que hablar porque va en consonancia con este mundo hipócrita e insoportablemente leve que nos ha tocado vivir. En ella, Greta quiso viajar a Estados Unidos en un velero para reducir su huella de carbono y demostrar que es posible vivir en un mundo más sostenible. Y hasta aquí todo bonito, y perfectamente podemos imaginarnos a toda la gente que se queda con los titulares y que no excava en la información con lágrimas en los ojos por la emoción, pero la verdad siempre es más oscura (y por eso la verdad no gusta), y esta es que:

Pero, ¿de qué nos vamos a quejar si pese a tener mayores conocimientos científicos que nunca parecemos la generación que más se deja aborregar por los medios de comunicación? Lo que para un ciudadano libre de principios del siglo XX (o probablemente de cualquier época), hubiera sido un pufo descomunal, a nosotros nos lo venden con un lacito verde y lo compramos. No verificamos la información y hemos anulado el sentido crítico porque en nuestros días pensar demasiado es peligroso (ya que pueden tacharle a uno de cosas horribles o, peor aún, se nos pueden romper nuestros dogmas preconcebidos que nos protegen de la realidad). Somos los occidentales del siglo XXI como niños y todavía no alcanzo a comprender cómo hemos mutado de esta manera.

Pero volviendo al tema, ¿ahí queda todo? No, la historia de Greta es todavía más grotesca. Hay quien sugiere que es un Caballo de Troya de las empresas más contaminantes para minar el ecologismo, ya que por la red circulan ya miles de memes que la ponen de vuelta y media. Sin embargo, cuando se conoce bien su historia, uno no puede sentir más que lástima por ella, y es que Greta, además de ser menor (tiene ahora 16 años), tiene un tipo de autismo (Síndrome de Asperger) y trastorno obsesivo-compulsivo. Es decir, no solo es una niña que no ha podido todavía formar su personalidad y su libertad de adulta, es que además tiene problemas mentales. Pero eso no ha sido un impedimento para que sus padres, los medios de prensa, las redes ecologistas y sus padrinos la hayan catapultado al éxito, le induzcan a no asistir a clase y le estén exigiendo un estrés mental que no sería descabellado le dejara alguna secuela.

Pues bien, algo huele a podrido aquí dentro. Se dice que es conveniente poner en tela de juicio todo aquello que te quieran vender con niños. Cuando alguien recurre a los niños para meterte algo en la mollera es porque un análisis sesudo de lo que quiere venderte desbarataría todos sus planes. Pero vivimos en una sociedad infantilizada de mensajes cortos (140 caracteres), escasa crítica y subordinación de la razón a las emociones.

Y quede claro que no estoy negando aquí que estemos viviendo un cambio climático (pues ha habido decenas de cambios climáticos desde que el hombre apareció en la Tierra), lo único que denuncio es que se mienta y se manipule a la población, aunque sea por un fin último positivo. Sigo siendo un idealista en ese sentido y sigo pensando que quizá algún día la humanidad pueda alcanzar la libertad a través de la verdad. Por eso me parece que es necesario desenmascarar y combatir este tipo de propaganda. Porque con la mentira se puede controlar a la población, pero solo por un tiempo y, además, privándola de la libertad, ese valor tan importante en nuestra sociedad occidental.

Sigo siendo un idealista en ese sentido y sigo pensando que quizá algún día la humanidad pueda alcanzar la libertad a través de la verdad.

Porque en nuestro mundo, todo, al fin y al cabo, es político. Y lo político es partidista. Y lo partidista es excluyente. Y, por ende, se puede usar todo para tumbar a los rivales políticos, incluido el ecologismo. No es ninguna novedad que todas las ideologías políticas se adueñan de conceptos que deberían ser neutros para usarlos como arietes de batalla (feminismo, derechos de los gays, víctimas del terrorismo, símbolos nacionales o el propio ecologismo). Así pues, querido lector, ¿todavía crees que no nos engañan? ¿Te pilla esto de sorpresa?

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En resumidas cuentas, que el cambio climático es un problema, pero que no hay ni que mentir ni que asustar con él, y que las medidas que más pueden ayudar a reducir la huella de carbono son, precisamente, las menos populares.

¿Para qué va a realizar cada año dos viajes en avión menos un eco-milenial y renovar con menor frecuencia su teléfono móvil cuando puede hacer huelgas del clima, postear en Instagram su activismo o dar la turra con el diésel, la energía nuclear o lo mala que es la industria?

Bienvenidos al siglo XXI, la época de la insoportable levedad del ser.

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