Blitzkrieg SARS-CoV-2 (VI): Está naciendo un régimen, ¡afilen sus hachas de combate!

zwEl su libro, «El Mundo de Ayer» (1942), Stefan Zweig narró de una manera sensacional los primeros años del siglo XX, antes de que comenzara la Primera Guerra Mundial. Creo que es un libro que todo europeo debería leer. Al hacerlo uno descubre que fueron unos años maravillosos en los que Europa se comía el mundo; en las calles reinaba el optimismo, arrullado por el progreso y los avances científicos, llevaban varias décadas en paz y los ciudadanos, que otrora se batían en terribles batallas, viajaban por todos los países haciéndose amigos de sus compañeros de continente. En sus páginas se dejaba entrever los orígenes de cierta corrupción moral que sería crucial para explicar las dos guerras mundiales pero la gente era feliz en aquellos años y poco caso se hacía al respecto. Cuando uno lee «El Mundo de Ayer» queda siempre sobrecogido por dos cosas. En primer lugar, se puede trasladar la década de 1900 a 2000 coma por coma, lo que siempre es muy terrorífico viendo cómo acabaron entre 1914 y 1948. En segundo lugar, se puede ver cómo hasta las sociedades más seguras y prometedoras pueden venirse abajo si sus ciudadanos no protegen con pundonor unos valores que, hasta ese momento, se han dado por descontados.

Pues bien, si algún valor tiene meter las narices en los libros de historia, leer sobre gente que lleva décadas muerta o sobre cosas que parecen tener nula utilidad práctica en nuestros días, al menos, uno es capaz de conocer lo que pasó y, por ende, atisbar antes que nadie las cosas que pueden pasar. Los humanos no somos tan originales; la historia es cíclica.

Estamos asistiendo al nacimiento de un régimen. Los signos son más que evidentes. Hace años ya que esto se veía venir pero al principio, como todo iba sobre ruedas, era difícil dejar crecer en nuestro interior esas notas discordantes, ese repelús, esa sensación de que hay algo podrido en algún lugar que va a ser muy difícil (y doloroso) localizar.

Como bien es sabido y así lo vengo relatando en esta crónica (este es el sexto artículo que escribo al respecto), está la humanidad ahora mismo sumida en una epidemia. En los siguientes párrafos me gustaría hablar de dos cosas que me preocupan mucho. Primero hablaré de la deriva totalitaria de nuestro gobierno. Luego hablaré del virus de SARS  y de los motivos por los que pienso que habría que finalizar el estado de alarma.

Respecto a lo primero, creo que hemos llegado a un punto de no retorno en el que la necesidad de mantener las caretas es vana y ya todo el mundo está mostrando su verdadero rostro. No vamos a decir que algunos ya vimos esto venir, que el hecho de que se haya convertido la política en nuestros días en una especie de reality show en el que prima el carisma, los eslóganes vacíos, las personas de una calidad humana miserable y las bombas de emociones sobre el hecho de encontrar unos líderes que de verdad sean buenos; lo mejor de nosotros. Y no es cierto ese mantra que dice que nuestros políticos son la viva imagen de nosotros mismos, un pueblo pícaro, defraudador y bajo, no. Hay millones de españoles muy valiosos ahí fuera, hemos hecho cosas increíbles durante la historia. Nuestro principal mérito es haber llegado tan lejos habiendo tenido unos líderes tan malos, cosa que parece no haber cambiado nunca. Ya se dice hace casi un milenio en el cantar del Mio Cid lo de «Qué buen vasallo sería si tuviera un buen señor a quien servir». Ahora bien, de lo que nadie puede eximirnos es de ser culpables de tener una cultura política nula. Votar lo que hemos votado hasta ahora ha sido muy divertido hasta que las personas que hemos puesto allí arriba han tenido que lidiar con un problema real, el primero en mucho tiempo. Ahora las risas se han convertido en llantos.

Lo he dicho varias veces y lo repito: este gobierno ha demostrado una incompetencia supina y su grado de ineficacia comienza a rozar el dolo. Creo sinceramente que es un gobierno criminal pero desconozco si se les podrá finalmente imputar de algo una vez las acciones legales que ya están en curso sean juzgadas. Pero creo que, a diferencia del pasado, el gobierno ya es consciente de que ha cometido decenas de errores que se han traducido en pérdidas de vidas humanas. Como dimitir no va con ellos, tampoco les va lo de pedir perdón y reconocer los errores. Sin embargo, son conscientes de ello, por lo que han decidido algo mucho más siniestro: la huida hacia delante.

La han cagado, vale, ¿ahora qué? Tranquilidad, tienen tiempo. Es una epidemia, han tomado la vía de la cuarentena y nos tienen a todos encerrados en casa. No me cabe duda que de haber sido esto otro tipo de catástrofe, algo no contagioso, es probable que la ciudadanía ya hubiera derrocado al gobierno. Esto es diferente. Estamos todos muy enfadados, nos apetece hacer algo pero no podemos salir de casa. Es más, sabemos que aunque podamos salir en unos días tampoco podremos juntarnos para manifestarnos ni nada por el estilo. ¿Nos queda algo que hacer? Sí, podemos quejarnos.

O quizá no. El gobierno se siente feliz porque nos tiene bajo control. Si salgo de casa para exigirles que rindan cuentas probablemente me detengan y me multen. Mal plan. Pero puedo escribir esto, ¿no? O no. Bueno, si pienso que estamos asistiendo al nacimiento de un régimen es porque he visto una serie de cosas que, como dijo el androide en Blade Runner, no creeríais. Yo jamás me hubiera imaginado hace diez años, cuando todo iba tan bien, al igual que en «El Mundo de Ayer» de Zweig, que en 2020 estaríamos rozando las distopías terroríficas de Orwell o Huxley. Supongo que todo el mundo se ha dado cuenta ya y, aunque nos indigna, seguimos aferrándonos a la ensoñación, porque nos cuesta creer que realmente nuestros gobernantes estén haciendo lo que están haciendo.

¿Qué están haciendo? Lo siento, esto va a doler

  • Algunos periodistas y medios de comunicación han denunciado que en las ruedas de prensa del gobierno se filtran las preguntas y solo dan cabida a las de medios afines. Para los medios amigos hay dinero de sobra con el que comprar su silencio. 
  • Tezanos, ese socialista metido a dedo para controlar el CIS (Centro de Estudios Sociológicos). Una institución que debería ser neutral pero se ha puesto también al servicio del gobierno. No quiere conocer la opinión general, aspiran a crearla. Ejemplos de la última encuesta. En ella se preguntó que si las medidas que se han adoptado en España son necesarias o no. Ante el grado de motivación de la gente un 97,3% respondió que es necesario hacer algo para frenar la pandemia, lo que a nuestro gobierno le lleva a esta conclusión.

Sublime, ¿no? Pero lo que es todavía más terrorífico de esta encuesta es la pregunta 6. ¡Atención al dato!

encuesta tezanos

Quiero pensar que la gente no entendió realmente esta pregunta, siempre se dice que en España vamos mal de compresión lectora. Lo que ahí el señor Tezanos pregunta, lo que un 66,7% de los encuestados han aplaudido, es que una fuente oficial (del gobierno) tenga el monopolio de la información y pueda prohibir la difusión de noticias por otras personas. ¿Cabe alguna duda de que bajo la loable tarea de perseguir los bulos, cuando tú puedes determinar lo que es un bulo y lo que no, puedes quitarte de un plumazo a los periodistas que sean críticos contigo? ¿Está un tercio de los españoles de acuerdo con acabar con un derecho fundamental como la libertad de prensa? ¿Difícil de creer? Prosigamos.

  • Newtral y Maldita.es, dos agencias contratadas por Facebook y otras redes sociales para comprobar qué noticias son verdad y qué no. Ha quedado sobradamente demostrado que sus trabajadores están ligados a la Sexta y a la izquierda (La jefa de Newtral es Ana Pastor la de Al Rojo Vivo) y que están considerando bulos noticias críticas con ellos o con el gobierno. Otro ariete político.
  • Entre el 9 y el 10 de abril desde las agencias de verificación y Twitter España se cerraron  varios centenares de cuentas de personas críticas con la gestión del gobierno. Estos twitteros quisieron gastar una broma al gobierno y los periodistas haciéndose pasar por bots rusos. Aquello pasó a llamarse “La noche de los baneos largos”. El gobierno se quitó de un plumazo a los disidentes en redes sociales. ¿Censura? Ayer mismo se convirtió en Trending Topic mundial el Hagstag #SanchezVeteYa. Hoy ha sido eliminado. Mejor explicado todo esto aquí:

  • Ahora nuevamente sacan a relucir esa arma nuclear que tanto les gusta: la persecución de los delitos de odio. Porque claro, si tú determinas que pensar de determinada manera es un delito de odio y controlas el poder puedes también quitarte de encima a la oposición, especialmente si la Fiscal del Estado es Dolores Delgado, una socialista muy amiga de Villarejo.
  • Porque claro, las fuerzas del orden deben obedecer al gobierno, aunque se las emplee para, textualmente, “trabajar para minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por el gobierno”. ¿Podemos llamar ya a esto dictadura o todavía no?

  • Desde Whatsapp también han limitado el número de mensajes que se pueden enviar a los grupos. Aduce para ello que hubo audios de médicos cuando empezó el coronavirus que alarmaron a la población y que muchos eran mentira. En mi experiencia, yo oí todos esos audios. No envié ninguno a nadie que no fuera médico para que no cundiera el pánico. Pero yo, que también soy médico, supe reconocer en los primeros 10 segundos cuál era un bulo y cuál no. Y ojo, los que no eran bulos, los que yo sentía a un compañero internista de Madrid avisando entre lágrimas de lo que se nos venía encima, hicieron más por mí que todos los protocolos del ministerio de sanidad. Yo vi allí ya lo que iba a ocurrir y pude anticiparme en mi hospital. La mayoría de esos “bulos” se han cumplido a rajatabla y es probable que hayan salvado cientos de vidas. Me acuerdo uno que decía precisamente eso «No os fieis, cuando el coronavirus empiece a asomar, cuando tengáis dos o tres casos y parezca que está todo bajo control, una semana después estaréis colapsados». Lamentablemente, así fue.
  • Y choca este dato con el hecho de que muchos vemos que hemos sacado información más útil de las redes sociales que de las fuentes oficiales. El ministerio de sanidad y su títere, Fernando Simón, hace nada nos decían que ni había que limpiar las zapatillas ni que llevar mascarillas, siendo que en otros países el reparto masivo de mascarillas había sido eficaz incluso sin cuarentenas. Ahora reculan y dicen que sí que hace falta. Afortunadamente, muchos ya sabíamos esto.
  • Y vinieron las fotos, y he de reconocer que aquí me equivoqué. En anteriores post dije que no veríamos los ataúdes y los muertos por coronavirus porque era precisamente la izquierda la experta en politizar el dolor. Pero las fotos llegaron, y vaya si llegaron. Primero se lanzó El Mundo publicando un enfermo muerto por SARS, obviamente, con el consentimiento de la familia. Esto puso en evidencia que para los voceros de la progresía hay una doble vara para medir lo que se hace, dando rienda suelta a su hipocresía:

  • Y luego vino el ABC, poniendo en evidencia que un periódico centenario como él todavía tiene el suficiente valor como para hacer lo que es debido.Ojo, el Gobierno ha aprovechado el estado de alarma para neutralizar el Portal de Transparencia, una herramienta destinada para que los ciudadanos puedan pedir cuentas de la gestión a la Administración. Me pinchan y no sangro.portada abc
  • La situación es tan evidente que ya hasta desde los medios más izquierdistas se empieza a criticar la nefasta gestión del gobierno. Hace nada se publicó este artículo, nada menos que en el diario Público, en el que se criticaba la gestión de Sánchez. ¿Resultado? El periodista despedido. Prensa independiente e imparcial, la llaman. Patético.

  • Pero esto no acaba aquí. Lo último, geolocalizarnos en el móvil para saber dónde estamos y si estamos cumpliendo la cuarentena. ¿Pero es que no nos damos cuenta que la seguridad se compra con libertad? ¿De verdad estamos dispuestos a entregar gratuitamente al gobierno la posibilidad de saber dónde nos encontramos en todo momento? ¿No empieza a ser esto de ciencia ficción?

No ver en todas esas cosas un intento de controlar a la sociedad en un momento de crisis en el que peligra la integridad del gobierno es pueril. Considero muy seriamente que es precisamente en estos momentos cuando la ciudadanía tiene que ser más crítica que nunca con el gobierno. ¿Acaso silenciar a los disidentes y ponerse incondicionalmente del lado del poder ha sido tenido como bueno en algún momento de la historia? No es precisamente la definición de la democracia poder estar en contra de algo y ejercer tu libre derecho a la libertad de expresión.

Ahora bien, pero, ¿no nos estamos enfrentando a la peor epidemia del siglo? ¿No merece la pena otorgar plenos poderes al gobierno con este estado de alarma para que solucione el problema cuanto antes?  ¿Qué pasará ahora con el virus?

Pues bien, en mi opinión, creo que el estado de alarma debe finalizar. A continuación daré los motivos por lo que pienso eso. Pero ojo, que nadie piense que estoy alentando la gente a que rompa la cuarentena y desobedezca las indicaciones de las autoridades. Por el momento creo que debemos seguir cumpliendo y haciendo lo que nos pida el gobierno. Cada vez queda más claro que la actuación de los ciudadanos y de la oposición está siendo de las más pacientes, sensatas y comprensibles del mundo. Quizá llegue el día de replantearse esto pero por el momento yo no estoy llamando a ninguna movilización ni desobediencia, quede claro aquí. Quede claro también que esta es mi opinión, la de un médico clínico, que, perfectamente puede estar equivocada o no ajustarse a la realidad. No soy ni epidemiólogo, ni economista, ni demógrafo ni virólogo, téngase eso en cuenta al leer lo que aquí abajo escribo. Así pues:

  • Como todo el mundo sabe, el SARS-CoV-2 es un virus nuevo pero semejante a otros coronavirus. Se temía que desbordara el sistema sanitario y muriera mucha gente, y así ha ocurrido.
  • Otros países han tomado medidas diferentes a las nuestras y les ha ido mejor (y también peor). En algunos países el reparto de mascarillas a la ciudadanía y la realización masiva de test han resultado en menos casos y un menor daño a la economía.
  • La idea de UK con Johnson de inmunidad de grupo fue duramente criticada por los medios de prensa (de la misma manera que criticarían todo lo que haga Trump o Bolsonaro… viven de eso). Pero es necesario replantearlo. El aislamiento selectivo (y discriminatorio, moleste eso a quien le moleste) sería mucho más efectivo. La gente vulnerable en casa y los jóvenes a trabajar y pasarlo.
  • Desde la UE también se está recomendando que se empiece a primar la economía y la vuelta a la normalidad.
  • El problema de hacer una cuarentena tan agresiva es que hay un momento en el que habrá que volver a abrir todo. ¿Qué pasaría si entonces vuelven a aumentar los casos? Imaginémonos que en Kazajistán (por ejemplo) hay un flujo de contagios lento, de familia en familia, durante meses, y el virus se acantona ahí (tiene en algunos casos periodos de contagiosidad de más de 30 días). Pensemos que nos cerramos hasta diciembre y al abrir uno de esos kazajos viene a España e inicia un nuevo brote. Ninguno de los sacrificios habrá servido para algo.
  • Hay ya mucha evidencia de que este virus lo vamos a pasar todos. Tarde o temprano nos contagiará, la cosa es no hacerlo todos de golpe. En ese sentido, cuanto antes nos inmunicemos mejor. La vacuna no va a llegar a tiempo.
  • Pero, ¿puede volver a colapsar el sistema si somos laxos? Para ello hay que saber cuánta gente lo ha pasado, pero eso es difícil porque los test rápidos que está comprando el gobierno son de los chinos, nunca mejor dicho. No funcionan bien. Pero si lo hicieran y lo hiciéramos a 100.000 personas, por ejemplo, y resultara que 25.000 ya lo han pasado, podríamos asumir que en España 12 millones de individuos ya tienen inmunidad. ¿Qué implica eso?
    • En un hipotético segundo brote esa gente no se va a poner mala. Nuestro país, preparado para atender a casi 50 millones de personas, solo tendrá 38 millones a los que pueda atender potencialmente.
    • Es de esperar que muchas de esas personas sean gente joven y activa. Esto también limita el número de nuevos contagios. Si un infectado sale de casa y durante los 3 días que está en periodo de incubación se junta con 10 personas, pero de esas 6 ya lo han pasado, solo puede contagiar a 4. Y si de esas solo contagia a 1 por que ha estado más próximo (los virus van así) pues la transmisión comunitaria es muchísimo menor y más lenta. Lo que buscamos, nos vamos inmunizando lentamente.
  • Los hospitales ya casi se han descongestionado pero algunos de los que solo piensan en la emergencia sanitaria y no tienen en cuenta la económica dicen que hay que vaciar las UCIs antes de abrir el país. Esto es cierto, pero veamos. Si abrimos el país ahora:
    • Los contagiados y las personas sintomáticas se tienen que quedar en cuarentena. De esta manera solo podrán contagiar los que tienen el virus pero no tienen síntomas (por estar en periodo de incubación o por ser paucisintomáticos).
    • Si esa gente inicia nuevos brotes es sabido que el crecimiento inicial es lento, como pasó en Madrid desde diciembre de 2019 hasta marzo de 2020. Así la progresión podría ser de una escala de 1, 3, 5, 9, 20, 50, 111… teniendo en cuenta que en cada salto de número de casos puede pasar una o dos semanas nos encontramos con que, aunque abramos ahora, tenemos por delante todavía al menos dos meses en los que la cosa seguirá mejorando y las UCIs se vaciarán.
    • El nuevo brote, de haberlo, no será tan fuerte como este por todos estos motivos. También hay que tener en cuenta que los hospitales estamos mejor preparados ahora. Tenemos más camas y lo que es más importante, conocemos más la enfermedad y la manejamos mejor. Ahora bien, resulta vital, y esto es trabajo nuestro, aprender a convivir con este virus mientras vemos pacientes normales. Solo podremos seguir manteniendo este nivel de alerta y suspicacia contra el virus si alguien nos consigue un test fiable y “bed-side”, esto es, que nos dé el resultado en 1h para poder tomar decisiones en el momento.

Por todas estas cosas pienso que en este momento, a lo largo de una semana o lo que queda de mes, sería más eficiente una cuarentena selectiva de infectados y personas vulnerables, reanudando la economía como si nada hubiera pasado y repartiendo mascarillas, tests y medios de higiene masivamente. Esto podría funcionar. Para el virus, obviamente, es peor, pero hay que tener en cuenta la economía. La pobreza mata más que nada en este mundo. Una gran parte de las empresas sacan de los meses del verano la mitad de sus ganancias anuales. España no puede sobrevivir a una cuarentena de 6 meses como dicen algunos que podríamos llevar a cabo. No sobreviviremos a un estado de deuda de más del 100% del PIB, con 5 millones de parados y el tejido industrial y turístico roto. Esto es una reacción en cadena, si la gente pierde sus empleos no podrá comprar cosas, lo que irá tirando otras empresas y al final se puede destruir el país entero. Esto es más evidente para todo aquel que haya comprendido que el dinero no sale de debajo de las piedras. No digo que salgamos todos a darnos besos y compartir cubatas, pero entre hacer eso y seguir con todo clausurado hay bastantes términos medios. Con cuidado y mesura se puede hacer.

Y luego el gobierno nos deja caer que no habrá conciertos ni actos lúdicos en todo el verano. Y la gente parece que acepta esto. Pero si seguimos las premisas que he dicho anteriormente, y pensamos un poco mal como hago yo normalmente, vemos que además de que con ello se pueden arruinar muchas empresas (bares, restaurantes, espectáculos…), es fácil ver que el gobierno busca otra cosa con ello.

Si no podemos ir a un concierto porque hay mucha gente, menos aún podremos preparar una manifestación. Y está claro que si pudiéramos estaríamos todos en las calles manifestándonos contra este gobierno que nos ha llevado a esta situación tan mala. Y ya no nos tragamos las mentiras. Nos da igual que hablen de recortes; países con menos gasto en sanidad lo han hecho infinitamente mejor. Tampoco nos asustan cuando nos culpan de no haber respetado la cuarentena, los datos de móviles y de la policía dicen que el comportamiento de los españoles ha sido más que ejemplar.

Con el estado de alarma tienen el poder y quieren mantenerlo porque empiezan a tenernos miedo. De momento toca seguir en casa pero me gustaría pedir a la gente:

  • Si eres sanitario deja el coro del “Quédate en casa”. Estuvo bien al principio, era necesario, pero esa consigna empieza a ser cuestionable. Esa no es nuestra guerra, nosotros no entendemos de economía, lo nuestro es ver enfermos.
  • Y todos, en general, estad preparados. No todo lo que venga del gobierno está pensado por nuestro bien. Ya sabíamos de antemano que una persona de la calaña de Pedro Sánchez, que solo ansía el poder por el poder, sería capaz de cualquier cosa por mantenerse donde está. Hoy es más importante que nunca ser críticos y mirar con lupa todo lo que nos dicen nuestros gobernantes.

De momento hay que cumplir pero hay que estar atentos, quizá llegue un momento en el que quede más que evidente que el gobierno mira más por volver a ganar las elecciones que por el bien común y sea de otra manera. Yo creo que eso ha sido así siempre y que ya tenemos motivos más que suficientes para hacer todo lo posible por derrocarlos, pero entiendo que quizá todavía hay que ser pacientes con esa oportunidad que les estamos dando y que mucha gente no piense como yo. Por el momento yo voy a examinar con detalle esa desescalada que dicen que vamos a hacer para ver si por alguna casualidad se intenta poner maliciosa dilación en lo que tarde o temprano habrá que hacer: abrir el país otra vez.

Y soy consciente de que lo que aquí acabo de escribir es algo natural, necesario y pacífico, pero que, según por qué lupa se pase, puede ser tenido como bulo o discurso del odio. Con la ley en la mano ahora el gobierno puede censurar lo que acabo de escribir, borrar mi blog o multarme. Pero el mal no acontece cuando los malos actúan, sino cuando los buenos o los valientes lo consienten. Y tengo miedo porque yo escribo sin pseudónimo. Tengo unos lectores a los que puedo ofender y que son para mí la fuente de mi trabajo como escritor y tengo también un puesto de médico, ligado a la administración pública, con todo lo que eso implica. Pero es el momento de denunciar la corrupción y la tiranía. Así que yo con esto aporto mi granito de arena, pase lo que pase. Si finalmente el mundo se va a la mierda, cuando mis hijos me pregunten qué hice yo al respecto, mi conciencia estará limpia.

Seguimos en casa pero estamos afilando las hachas, (metafóricamente hablando). Nos ha costado mucho esfuerzo llegar hasta aquí, alcanzar este nivel de libertad. Sabemos lo que estáis intentando pero no pasaremos ni una. Estamos preparados para defenderlo.

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