Blitzkrieg SARS-CoV-2: La amenaza crece, ¿pero qué sexo tienen los ángeles? (IV)

En 1453, tras un milenio de historia, el Imperio Bizantino estaba a punto de caer. Ante sus murallas se encontraba una pujante y poderosa civilización, los Otomanos (los turcos). Ya rascaban los turcos las murallas, que estaban a punto de venirse abajo, cuando un encendido debate se llevaba a cabo en las calles de Constantinopla. ¿De qué hablaban los Bizantinos? ¿De cómo resistir? ¿De estrategia militar? ¿ De cómo mantener la esencia heredada del Imperio Romano bajo el Islam? No… Hablaban del sexo de los ángeles. De si los ángeles tenían sexo, sí señor, de eso se hablaba en Bizancio el día antes de que la civilización se extinguiera. ¿Y a qué viene esto hoy?

Ni en sueños pensaba el gobierno que iba a tener tanto poder, y eso me preocupa. Habiendo demostrado sobradamente su ineptitud para combatir esta crisis, poniendo en evidencia que sus políticas siempre han luchado contra entidades irreales o imaginativas (el patriarcado, la emergencia climática…) siendo unos completos inútiles con los problemas reales.


Este es el cuarto post sobre la crisis del coronavirus (los otros están aquí, el primero, segundo y tercero). Los que los habéis leído todos habréis visto que aunque en un principio parecían exageraciones se han cumplido todas y cada una de las predicciones hechas (el curso en España sería peor que en Italia, la cosa se empezaría a torcer este fin de semana, justo cuando se cumple la semana de periodo de incubación desde el acto político-femimarxista del 8M, acabaría saliendo el ejército a las calles, no habría materiales para los hospitales, los sanitarios íbamos a empezar a caer en masa, esto estaba más extendido de lo que se pensaba, el ministerio va por detrás y con ello nos ha puesto a todos en riesgo…) Sí que es cierto que la mayoría eran de índole médica, pero creo que puedo hablar también de otras cosas que no son medicina y hacerlo con relativa propiedad. Los seres humanos no estamos encasillados, uno puede ser marinero pero ser un experto en la obra de Tolstoi, un gran cocinero y saberlo todo sobre Estonia. En ese sentido, personalmente no solo soy un médico, tengo otras muchas aficiones, y por eso me estoy aventurando en estos post a hablar de economía, política, sociedad…

Pues bien, tengo miedo. Solamente hay que ver cómo hemos pasado esta semana de cuarentena. Las cosas avanzan tan vertiginosamente que es fácil perderse algún detalle importante, pero algunas cosas hay que tenerlas claras, lo que podría hacer que podamos prever lo que pasará a continuación:

  • La crisis del gobierno no comenzó en febrero. Desde hace meses el gobierno de coalición lleva sumando decenas de acciones que en cualquier país normal (o en este si hubiera gobernado otro signo político) hubieran provocado dimisiones masivas y repetición de elecciones. No seré exhaustivo, pero parece que ya nos hemos olvidado de que PSOE y Podemos están frenando las investigaciones sobre prostitución de menores en Baleares en centros tutelados bajo su auspicio o que el ministro Ábalos se reunión con Delcy Rodríguez, una persona que no tenía derecho a entrar en territorio europeo y que debía haber sido detenida. El ministro mintió en repetidas ocasiones y hay indicios de que hubo intercambios de maletas, todo muy oscuro. Tenemos el mayor caso de corrupción política de España, el de los EREs, en el seno del PSOE también, por mucho que sigan hablando de que la corrupción es global o de otros partidos.
  • El gobierno tenía indicios de la OMS e información interna desde principios de marzo de que la epidemia se iba a descontrolar, y aun así no fue hasta el 9 de marzo, un día después del mitin político en el que Irene Montero, Carmen Calvo o Begoña Gómez Fernández (2 de ellas, que se sepa, contagiadas) se dieran el paseíto y el baño de masas en la manifestación feminista. La comunidad de Madrid pidió medidas más contundentes al gobierno 10 días antes, sin ser escuchadas. Todo ello deja claro que el gobierno ha hecho prevalecer su agenda política sobre la salud de los españoles.
  • El gobierno no hace autocrítica. No ha reconocido todavía haberse equivocado y la postura del presidente es la de siempre: echar la culpa a los demás. ¿No os habéis fijado que cuando habla siempre dice que han seguido las recomendaciones de la OMS, que están obedeciendo a los expertos, que si esto no funciona será por la responsabilidad de los ciudadanos, que no están haciendo la cuarentena? Eso es echar culpas a los de fuera. Cuando esto acabe intentarán que rueden todas las cabezas de alrededor, incluida la del que parece un pelele político, Fernando Simón, al que espero se investigue una vez acabe esto. Es por ello por lo que debemos tener memoria.
  • El aparato mediático del gobierno (no nos olvidemos que controlan el CIS, de modo que pueden modificar la opinión pública a su antojo, la televisión pública y casi todas las cadenas privadas con su duopolio informativo, que ya están intentando lavar su imagen, a la vez que se borran tweets a toda velocidad. ¿No hemos oído que esto no se podía prever? Piden unidad y se protegen en una cuarentena para evitar lo que sería muy saludable ahora mismo; salir a la calle a exigir responsabilidades. Mientras tanto se producen aplausos nocturnos a los sanitarios, los vecinos se aman y se quieren como nunca antes, hay un sentimiento colectivo, casi patriotismo, flotando en el aire, y con ello el gobierno siente que esos aplausos también son suyos. Pero quizá hay demasiada unión, así que entre medio se organiza una cacerolada contra el Rey, cosa de la que hablaré más adelante, para que los que hasta ese día eran excelentes vecinos puedan volver a llevarse mal (mira tú ese con las cacerolas, ¿no te fastidia ese otro, que no las saca?). No debemos olvidar que esta crisis tiene culpables, y además de la clase política tenemos a unos periodistas que todos conocemos, pues son los más jaleados por nuestra izquierda, que han minimizado la situación cuando había que alarmar y que ahora piden respeto, calma y unidad mientras lavan las manos llenas de sangre del gobierno. Y tampoco debemos olvidar, aunque muchos ya lo han hecho, que en 2014, mientras gobernaba el PP, en la crisis del ébola se repatrió a un español infectado, se contagió una mujer que no murió y se sacrificó a un perro llamado Excalibur por precaución, y nuestra querida izquierda llenó las calles pidiendo dimisiones y diciendo que la gestión había sido nefasta. Hubo grupos de miles de personas que hasta pedían clemencia para el perro. Sí… es así, quizá lo habíais olvidado, por eso hay que recordarlo. De esta crisis llevamos ya más de 800 muertos y subiendo. Sabíamos lo que estaba pasando en China y en Italia, teníamos un ejemplo que mirar desde principios de enero. ¿Sabéis de qué hablábamos entonces? Del sexo de los ángeles. De si hay que firmar un papel para consentir una relación sexual, de lenguaje exclusivo y transición ecológica… Que no se podía prever, dicen… ¿Os imagináis que los políticos hubieran destinado un 10% de sus esfuerzos en enero para conseguir mascarillas y ventiladores mecánicos? No, porque tenemos la clase política que nos merecemos.

¿Y por qué tengo miedo? Porque me da más miedo el gobierno que el virus, llegados a este punto. Han demostrado sobradamente que lo que buscan es permanecer en el poder, cueste lo que cueste. No nos damos cuenta porque han ido poco a poco, pero la cantidad de libertades que ya nos han robado, la merma de calidad democrática de nuestro país, la cantidad de instituciones españolas que han pervertido… es sencillamente brutal. Y ahora, ¿cómo estamos?

  • Nos manda un gobierno del que no nos podemos fiar viendo cómo se ha comportado hasta ahora.
  • El gobierno está pidiendo unidad y tapar las críticas, (necesarias, por cierto) para luchar todos a una. Ahora, al parecer, no se puede hacer una moción de censura. Qué pequeño se queda ahora, queridos paisanos, el partido de Teruel Existe, ¿eh? ¿Sabemos algo de él? Porque hasta hace nada era vital para nuestros intereses, pero ahora que estamos cayendo como moscas… no se sabe. ¿Será cómplice del gobierno?
  • La noche del 18 de marzo, los partidos de izquierdas y los independentistas organizaron una cacerolada contra el Rey, a la que se sumaron muchos ciudadanos. Algunos decían que qué necesaria era y lo mucho que se habían ilusionado. Ya he mencionado que con ello se dividió a las personas, que hasta la fecha están en cuarentena, y también que a saber hasta qué punto es coherente en una situación como esta desviar la atención de lo importante con algo así. Sin embargo, esto transciende más de lo que parece, pues los enemigos de España no dan golpes a ciegas. Si todo se va al garete, si nos roban todas las libertades y se acaba dando un golpe de estado… ¿quién es el único español que puede detenerlo todo? El Rey. ¿A quién hay que desprestigiar y erosionar en este momento por si acaso? Sí señor… Al Rey.
  • Nunca un gobierno democrático ha tenido tanto poder como ahora. Miremos nuestra situación. Estamos todos recluidos en casa, controlan los medios de comunicación, han intervenido la industria, controlan las estadísticas de muertos, habiendo sospechas de que no los están contando a todos, tienen al ejército y a la policía patrullando las calles y, lo que es peor, nos tienen a todos aplaudiendo por las noches. ¿Nos recuerda esto a algo?

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  • Hay muchos tipos de guerra y hace años ya que estamos en medio de una. Quiero desde aquí dejar claro que ahora mismo estamos en guerra, y se está usando contra nosotros la guerra psicológica. No podemos salir de casa, hemos renunciado a nuestra libertad y tenemos miedo de no tener pan, papel higiénico o aceite. Además, tenemos malos sentimientos hacia los demás, pues pueden ser unos apestados. No queremos tocarnos, no queremos pasar por donde antes haya pasado otro, nada de besos, nada de cariño. ¿Y cuándo esto pase? No seremos los mismos, sin duda. Podemos salir de esta más reforzados o más dañados. Quizá a partir de ahora sintamos muchos más recelos por los demás. Lo que está claro, es que estamos asustados, y los gobiernos siempre han usado el miedo para controlar a la población. Es ahora cuando pueden meternos cualquier puro.
  • Si quieren dar un golpe de estado, si quieren perpetuarse para siempre, si quieren robarnos libertades hasta ahora aseguradas, este es su momento. Si no lo hacen ahora no lo harán nunca, (y con ahora digo en los próximos meses/años). Hay muchos intereses globales en acabar con los pilares de la naturaleza humana. Algunos venimos advirtiendo desde hace años y se nos ha tachado de todas las maldades posibles, incluso de conspiranoicos. Hay fuertes intereses mundiales en acabar con la familia, con la fe, con el sexo (o género, según se dice), con la tradición y con la patria. Hay intereses en acabar con ello porque es lo único que impide que nos aborreguen y nos controlen como en una dictadura orwelliana.
  • La marea ha bajado, y se ve quién está desnudo y quién vestido. Con esta crisis ha quedado demostrado quién es quién y quién manda aquí. China, con sus grandezas y miserias, ha pasado la prueba. EEUU, quien hasta ahora ha partido el bacalao, va a presentar batalla también y veremos si lo supera. Europa ha caído para siempre. La UE está desnuda, dejando claro que era un selecto club para el enriquecimiento de Francia y Alemania, en el que para recortar libertades todo eran facilidades pero para hacer cosas útiles y necesarias todo era burocracia y pegas. UE delenda est. Ahora mismo Europa es un pastel que se van a partir entre EEUU y China. Todavía hay una posibilidad de que resurjamos como continente, y esto pasa por reforzar de nuevo el espíritu de los pueblos de Europa a remolque de los que hasta ahora nos reíamos, los del grupo Visegrado y las nuevas fuerzas políticas soberanistas. Pero dudo mucho que acabemos yendo por ahí, somos una civilización decadente dando sus últimos coletazos.

Por todo esto, debemos mirar con lupa los movimientos del gobierno y el poder. Estamos recluidos en cuarentena y así debe ser, porque una vez jugada esa carta hay que obedecer, si no corremos el riesgo de que no haya merecido la pena el sacrificio, (pues la contención funciona y a finales de marzo empezaremos a ver los resultados). Ahora bien, yo voy a hacer una cosa que creo deberíamos hacer todos. Yo voy a acumular energías en este confinamiento. Y cuando podamos salir las emplearé para lo que sea necesario. Ni olvidaremos ni perdonaremos lo que nos ha hecho este gobierno. Cuando esto acabe se exigirán responsabilidades, y la situación en la que nos han metido es lo suficientemente grave como para que se apliquen firmes condenas.

Y respecto al Rey, me voy a abstener del debate de Monarquía vs República, porque ambos sistemas tienen cosas buenas y malas. Solo diré que durante toda la historia los reyes han tenido un momento clave en sus reinados en los que han tenido que tomar decisiones difíciles de las cuales se ha traducido el bien o el mal en el país. Ha llegado el momento de Felipe VI. Yo de momento, al todavía no saber cómo va a actuar, no opino. Pero llegará el día en que tendrá que tomar una decisión importante, y ahí veremos si antepone la Corona y su seguridad o los intereses de España. Ese día nuestro país se llenará o se vaciará de monárquicos automáticamente.

Así que, a modo de corolario, debemos estar muy atentos a todo lo que sucede a nuestro alrededor y tener claro que esta crisis es pasajera. Acabaremos con el virus, generaremos inmunidad, enterraremos a nuestros muertos y tendremos otra vez la oportunidad de reconstruir lo que un día fuimos. Ahora bien, la seguridad se compra con libertad. Una vez todo esto pase debemos tener mucho cuidado de no entregar más libertad al poder, porque ahora que estamos asustados intentarán robárnosla. Y también, si aprendemos de esta, tendremos que empezar a separar la paja del grano y preocuparnos por lo verdaderamente importante. Creo que no es baladí que ahora nadie se acuerde de la ideología de género, de si al hombre le ponían cerveza y a la mujer la Coca-Cola, de los lobbies LGTBI pidiendo más subvenciones cuando actualmente los homosexuales gozan de los mismos derechos que los que no lo son, de nuestra deficitaria industria del cine pidiendo también más dinero público para hacer unas películas que no quiere ver nadie porque son deprimentes, de esa transición ecológica que quería hacer más ecológica a la industria más ecológica del planeta, independientemente del coste… Espero que ahora demos la debida importancia a las cosas que lo tienen.

Que una epidemia por un virus respiratorio podía cambiar el panorama mundial, destruir las economías, cambiar la balanza del poder y transformar por completo el paradigma del hombre viajero del siglo XXI con 30 países visitados a sus 30 años de vida sonaría hace un año conspiranoico y poco ajustado a la realidad, ¿verdad? Pero había algunos que estas cosas las veíamos venir. Y ahora pienso cómo llevaba yo años ya, que cada país extranjero que pisaba pensaba, “vaya, otro más, ya llevo veinti-tantos. Qué curioso, porque soy la primera generación que puede hacer esto. En el pasado los países eran enemigos y no se podía viajar. ¿Será siempre así? Poco probable, quizá mis hijos alucinen cuando les diga que a principios del siglo XXI todo el mundo pisaba 2-3 países al año”. Y parecía exagerado pensar así, pero igual que el 11S convirtió los aeropuertos prácticamente en zonas de altísima seguridad cuando antes eran poco más que una estación de trenes, esta crisis nos va a cambiar para siempre. Y por ello, teniendo en cuenta que a la luz de lo ocurrido hemos visto lo que es importante y lo que no, quizá seamos por primera vez los seres humanos que no tropiezan dos veces con la misma piedra y comencemos a ver que hay cosas muy importantes de las que algunos venimos avisando y que no están llenado los titulares. Hablo de que la natalidad occidental ha llegado a un punto crítico en el que es posible que ya no haya manera de recuperarse, que el modelo de inmigración masiva y multiculturalismo ha fracasado, que los pueblos de Europa ya no pintan nada en el mundo y somos tremendamente vulnerables a las potencias extranjeras, que el islam puede en este mismo momento hacerse con el control de Europa si quisiera, perdiendo para siempre nuestras tradiciones y libertades, que el abandono de la soberanía de los pueblos de Europa en pos de un globalismo ciego e incongruente nos va a hacer más daño que bien, que el estricto control de las fronteras y de los sectores estratégicos de la economía (agricultura, energía, transportes) ya no es ni fascista ni comunista, es de sentido común y parte definitoria de lo que es una civilización estable, y que la sostenibilidad y el ecologismo, aunque necesarios, no pueden derrumbar la industria y la economía, que nuestra especie tiene que crecer y avanzar o todo colapsará.

¿Suena todo alarmista y exagerado? De nuevo, ¿si hace un año nos hubieran contado lo de este virus qué hubiéramos dicho? No un año… ¿si lo hubiéramos dicho hace 12 días?

bb

Esos son los debates que deberían llenar los espacios televisivos a partir de ahora… aunque conociéndonos, dudo que así suceda.

 

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